3.9.06

CHOCOLATE Y LEXATIN


Ayer tuve otra recaida.

Hacía ya unos meses que no me pasaba, pero anoche volvieron otra vez los nervios y la ansiedad.

¿Algún día estaré "curada del todo"?

El detonante fue una de esas cenas con los amigos.
Lo que en un principio iba a ser una cena tranquila de 5 ó 6 amigos, se convirtió en un una especie de banquete con unas 20 personas al menos, entre niños y mayores.

Fue en casa de la única amiga soltera que me quedaba, y que de un día para otro se ha comprado un chalet con su compañero de trabajo y hace menos de 1 mes que viven juntos.

Me sentí totalmente extraña, aunque reconozco que mis amigas se esforzaron por hacerme sentir bien, pero las inevitables conversaciones de bodas, embarazos, vacaciones en pareja, pues surgieron una y otra vez.

Yo miraba a unos y a otros como en un partido de tenis. ¿Que podía comentar yo?

Me dediqué a sonreir y a beber, intentando disimular que por dentro me moría de pena, y que mi vida esta vacía y sin ningún rumbo ahora mismo.

Como tampoco me gusta que la gente se sienta incomoda para hablar ciertos temas por estar yo presente, pues hablo de ello de forma natural, incluso yo misma fribolizo algunas veces con lo que me ha pasado, pero como se suele decir la procesión va por dentro, y ayer mismo llegué a casa y me tiré a la caja del lexatin. Ya se que no funciona como las aspirinas y que en 10 minutos se te quita el dolor (ójala fuera así), pero al menos al día siguiente me siento algo mejor.

La primera persona a la que le conté que mi marido se había ido de casa fue al medico.
Corría el mes de noviembre (finales) cuando me dio la noticia:" no puedo seguir contigo, ya no estoy enamorado".

Pasó todo el mes de diciembre, que fue un infierno porque él ya tenía claro que se iba, pero delante de la gente lo disimulamos para no darles el disgusto (y de paso, por si era una falsa alarma y no llegaba la cosa a tanto). El día de Nochebuena, fuimos a su pueblo. Yo me iba al baño a llorar de vez en cuando, y volvía con la mejor de mis sonrisas.
El día de Nochevieja, tres cuartos de los mismo, nadie notó nada (me voy a dedicar al teatro, se me de muy bien actuar).
El día de reyes, fuimos a recoger y a dar los regalos a todos, recuerdo lal comida que preparó mi madre y lo contenta que estaba ella ese día.

Al día siguiente, él cogió la maleta y se fué.

Pasó una semana, su madre era la única que sabía lo que había pasado, para el resto, si llamaban, él estaba en la ducha o no había vuelto del trabajo.

Así estuve varias semanas. Un día, esperando el tren para ir a trabajar, según le vi venir me dieron ideas muy raras y me asusté mucho.

Esa tarde fui al médico.

Cuando me preguntó qué me pasaba, estallé en un mar de lágrimas. Todavía recuerdo la cara del pobre chico mirándome con cara de susto. No se cuantos minutos me tiré así, no podía parar, el no hacía más que darme clinex y decir que me desahogara y luego le contaba, pero me daba hasta hipo y todo por intentar parar y no poder.

Cuando por fín pude articular más de dos palabras seguidas, le conté la pesadilla.

Efectivamente, su consejo fue que lo contará, no podía permanecer en esa situación, mi familia, mis amigos, tenian que saberlo, eran los únicos que podían ayudarme, y así fue.

Nada más salir del médico, fui a casa, y aprobechando que estaban todos lo solté. Fue uno de los momentos más duros que recuerdo.

Los siguientes meses me recuerdo enganchada al lexatin y al chocolate (el de los bombones, no del otro...) pero a los 6 meses más o menos lo dejé (el lexatin, el chocolate no), pero ayer otra vez
tuve que recurrir a él, y creo que antes de que lleguen las navidades me haré con unas cuantas cajas, por si las moscas.

Hoy me encuentro mejor, pero he vuelto a guardar unas cuantas pastillas en el bolso, nunca se sabe....

3 Comments:

Blogger amandi said...

¡Eh, reina! No te aflijas; pienso que eso que llamas "recaídas" forman parte de un proceso normal de separación. Después de haber dirigido la vida en una dirección durante años, no es fácil desembarazarse de todos los proyectos y recuerdos y, hala, rumbo a otra parte como si nada. Ese vacío del que hablas es algo de lo más común, que va y viene, pero que, seguramente, a medida que vayas llenando tu vida cada vez lo sentirás menos.... ¡No te pases con el Lexatin! Pero... ¡viva el chocolate!

septiembre 03, 2006  
Blogger amandi said...

Bueno, cuéntanos algo... Esto de los blogs exige cierta disciplina. No hagas lo que yo, que sólo escribo cuando cuando tengo pupa. ¿Cómo vas con el chocolate?

septiembre 07, 2006  
Blogger debolsillo said...

Sé lo que duele, pero ni las pastillas ni el chocolate te van a ayudar. Hay un cuento de Ángeles Mastretta en el libro Mujeres de ojos grandes que siempre me ayuda, no sé si podré poner el
Un beso.

septiembre 19, 2006  

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